...Vigilante...

En la noche oscura hasta que el sol se levante.



Hijos de Caín

Ficha de Personajes de ''Hijos de Caín''

Hijos de Caín

Pinchando en el siguiente enlace podéis acceder al nuevo blog en el que se van poniendo semanalmente cada uno de los capítulos de la historia.

Además de modificarse debida y correlativamente cada una de las fichas pertenecientes a los personajes de la historia.

Espero que disfrutéis y os animéis con ella...


Gracias a todos.

=^.^=

24 abr. 2012

Relato: Las voces que no entendía. Parte II


Ian estaba como loco, había hecho todo lo posible por intentar cambiar su carácter y malos hábitos por el bien de su hijo y de su mujer, pero no podía evitarlo, era algo irrefrenable por mucho que quisiera.

Intentaba no enfadarse tan a menudo y que su mujer no le sacara de quicio. Porque era ella, aunque cuando

la miraba, le seguía deslumbrando con su sonrisa, le seguía pareciendo preciosa, la mujer perfecta.

Perfecta sólo para él. Otro no podría mirarle con los mismos ojos que él lo hacía, porque nadie la sabía apreciar como él, es por eso que en numerosas ocasiones con ella se enfadaba.

Tenía que evitar a toda costa que intentaran reírse de ella, por eso la regañaba a menudo cuando sentía que debía de hacerlo.

Y cuando sabía que se le había ido la mano, se arrepentía muchas veces, cada vez que eso ocurría, y volvía a recurrir a sus continuos regalos, caricias y besos. Y ella parecía como si tuviera miedo, y él no lo entendía.

No me entiende, se decía mientras saboreaba la cerveza entre sus papilas gustativas, no entiende que todo lo hago por ella, ¿qué más le hace falta? Si yo estoy aquí, encima no está contenta nunca con nada... Y esta era otra causa de las otras muchas discusiones que con ella había tenido.

Miraba a través de los cristales del vaso de tubo que tenía entre las manos, la estantería llena de botellas que tenía justo en frente de sus ojos. De un sólo sorbo se bebió el medio vaso de su cerveza espumeante que le quedaba.

Llegó a casa y abrió la puerta con la antigua llave. Aún valía. No encontró allí a Mara; después de rebuscar y vocear mil veces su nombre por toda la casa, volvió al salón y se la encontró clavada en la entrada de la puerta, con dos bolsas colgando de una mano. Las cuales fue dejando despacio en el suelo, mientras no dejaba de mirarle e intentando que su respiración se acompasara nuevamente, intentó sonreír levemente en un acto fallido.

– ¿De dónde vienes?

Mara calló ante el interrogante. No tenía por qué contestarle, ni siquiera sabía qué hacía allí, aparte de incumplir la orden de alejamiento que hacía unos meses le había impuesto gracias a todas las personas que la habían apoyado. Intentó salir, pero él fue más rápido y se lo impidió. Mara se quedó rezagada entre la pared y él, evitando por todos los medios mirarle a los ojos a tan poca distancia como se encontraban uno de otro.

– ¿No me contestas? - La cogió por los hombros y pegó su espalda a la pared.

– ¿Algún problema, Mara? - La interpelada oyó la voz de su vecino y la recibió como una nueva

bocanada de aire limpio y puro.

Ian Se apartó de ella en seguida. Y sin pronunciar alguna palabra más, bajó las escaleras.

Mara con la cabeza, le agradeció el gesto a su vecino. Cerró la puerta.

17 años.

Jeremy iba caminando al lado de su madre. Habían vuelto al barrio en el que ella vivió cuando él aún no había nacido ya que ella quiso dejarlo todo atrás para comenzar una vida nueva con su hijo, sin temores.

Ahora había vuelto.

Su madre – la abuela de Jeremy - había fallecido hace un año y la casa le correspondía a Mara puesto que era hija única. Al principio, sólo había ido algunos días a ventilarla, pero ahora había decidido vivir allí.

Aunque había pasado el tiempo y no le había vuelto a ver desde aquella última vez en la casa que
compartía el matrimonio, al pisar de nuevo aquel lugar, le invadió el temor. Pero después de contarle todo lo ocurrido a la luz de sus ojos – su hijo - , se sentía como liberada, como si un peso que llevaba creciendo y haciéndose cada vez mayor en su interior... Se hubiera desvanecido al instante.

Jeremy, por su parte; había escuchado que su madre le dijera todo aquello que deseara, mirándola con ojos brillantes. Le gustaba ser participe, no quedarse a un lado como si fuera un mero bulto y que contaran con él por si en algún momento dado tenía que prestar su ayuda y saber a lo que atenerse.

Ya en su habitación, cerró los ojos y tocó el violín. A veces pensaba que la música que podía crear a partir de las partituras interpretadas era lo mejor que podía ser escuchado por nadie, no por vanidad, no porque no tuviera que mejorar, sino por la melodía relajante en sí. No sabía de manera segura desde cuándo le había comenzado a gustar y sentir interés por ese instrumento, sólo recordaba la gran sonrisa que puso cuando en su 13 cumpleaños su madre se lo regaló con algunos ahorros que había podido obtener gracias a algunos trabajos que había podido ir realizando. Y desde entonces... Ni siquiera un día había dejado de estar cerca de él.

Sentada en el sillón como estaba mientras oía a su hijo tocar el violín en la que sería su nueva habitación.

Se sobresaltó. Era un domingo, como otro cualquiera. Y la puerta parecía que se iba a venir abajo.

Jeremy salió blanco como la cal y vio a su madre agazapada como un gato pequeño en un rincón del
sillón, con la cara metida entre las brazos que apoyaba en las rodillas.

– ¡Abre! ¡Estáis ahí dentro! ¡¡Abre!! ¡¡Me abandonaste!! ¡¡Me abandonaste hace años y ahora
vuelves!!

Jeremy evitó hablar. Se puso detrás de su madre y la rodeó con los brazos mientras le daba un beso.
- Tranquila, la puerta que una vez se cerró jamás se volverá abrir. Ahora yo estoy aquí, y él no

puede hacer nada. - susurró Jeremy.

Jeremy sonrió, era la primera vez que le demostraba a su madre de forma hablada aquellos sentimientos pero en realidad es como si ya los hubiera sentido antes. Como si ya los hubiera vivido.

Amanda. Nuria. María. Cristina.

Como Mara, hay muchas mujeres que tienen que vivir cada día una situación insufrible. Como ella,
capaces de hacerse fuertes ante algo que las horroriza...Hay muy pocas. Y estas necesitan que aquellos que les rodean no sean ciegos, ni sordos, ni mudos. Y hablen por ellas, las ayude y salgan de esa situación, ya que ellas por miedo, callan.
Lo peor de todo esto es que quizás un día, callen eternamente.


No eres bonita cuando él te lo dice, no eres cariñosa cuando él te lo recuerda, no eres dulce cuando él te lo afirma... Lo eres siempre. Si sus palabras ahora son mal sonantes contigo, tú no eres culpable. Tú no tienes la culpa de que la forma de mirarte haya cambiado.

Somos unos extraños seres, que se suponen venimos de Venus…Muchos son los que se dedican a tratarnos como si fuéramos verdaderas muñecas de porcelana, intentando protegernos con mentiras piadosas. Y no hay que confundirse. Por mucho que llore, por mucho que parezca que su alma va a escaparse entre sus dedos…Se agarra con uñas y dientes a donde haga falta, pudiendo llegar a soportar lo insufrible. Por mucho que a veces nos guste que nos traten como si fuésemos de cristal…

No lo somos, y hay un dicho que afirma que Dios no va a mandarte más de lo que puedas llegar a soportar como ser humano.

Muchas son las mujeres de gran relevancia que han escrito la historia de nuestros antepasados, aunque estos mismos se hayan encargado de dejarlas en el castigo que dan las sombras del olvido, haciendo que el hombre quede como el único ser superior… Lo que parece que nadie acaba de entender es que todos somos iguales como seres humanos y diferentes al mismo tiempo como personas, eso sí... Todos y cada uno de nosotros hemos nacido de la misma forma.

Y esa vida que tenemos, es gracias a una de las cosas más bonitas que ha podido nacer; la mujer.

4 Susurros Lunáticos:

Jota González dijo...

Yo ya tuve el gran honor de leerlo antes de que lo entregaras al concurso. Sigue gustándome mucho. Sigue escribiendo así, sigue mejorando y sigue apuntándote a más concursos!!!

Besos

Iris Vivaldi dijo...

Me ha gustado mucho Dawa, genial como siempre!!
Sigue así guapaa!!

Besossss

Ana dijo...

Me ha encantado esta segunda parte del relato, más si cabe que la primera : )
Me encanta como describes a su hijo y el amor que éste siente por la música.
Es muy triste que esto sea una realidad para muchas mujeres, al menos Mara consiguió salir de aquella cárcel de muerte y desamor.

Miles de besos.

Dawa dijo...

Me vais a sacar los colores, me alegro muchísimo que os guste...

Perdonar de nuevo una vez más por un comentario generalizado u.u

¡Besazos a las tres!.

=^.^=

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