...Vigilante...

En la noche oscura hasta que el sol se levante.



Hijos de Caín

Ficha de Personajes de ''Hijos de Caín''

Hijos de Caín

Pinchando en el siguiente enlace podéis acceder al nuevo blog en el que se van poniendo semanalmente cada uno de los capítulos de la historia.

Además de modificarse debida y correlativamente cada una de las fichas pertenecientes a los personajes de la historia.

Espero que disfrutéis y os animéis con ella...


Gracias a todos.

=^.^=

26 ene. 2013

La muñeca de trapo de Julia


Yo tendría aproximadamente ocho años y por aquél entonces siempre llevaba conmigo una muñeca de trapo que mí madre me había regalado.
No me separaba de ella para nada... ni siquiera para dormir.
Por las noches, cuando mí madre me daba el beso en la frente, apagaba la luz y entornaba la puerta de mí habitación, yo la rodeaba muy fuerte, muy fuerte con mis brazos, por si aparecían los monstruos de la oscuridad, ya que sabía que ella me defendería de todos los que aparecieran.
Todas las noches me dormía hablándole.

Mí muñequita, se llamaba Carola.

Recuerdo una de las veces que mí madre me llevó al parque.
Algo dentro de mí, a tan corta edad; cambió. Aunque claro, yo aún no lo sabía.
Vi a una niña un poco más pequeña que yo, lloraba y berreaba como si le fuera la vida en ello, arrejinchándose cual monito a la pierna de su padre. Su padre en cambio,la miraba a ella y a su entorno con un desasosiego total e impotencia escrita en sus ojos.

Yo miré a mí madre Tenía cara de preocupación.

- Julia, ven un momento hija – me llamó.

Cuando llegué a su lado, me dio la mano y nos dirigimos hacia la pequeña y su padre.

La chiquilla había perdido su muñeca.
Yo sabía lo que era querer mucho, mucho a tú muñeca, porque me pasaba con Carola y me imaginé como sería perderla... lo borré enseguida de mí mente porque me dio auténtico pavor seguir pensando aquello.
Lo único que se me pasó por la mente después de aquello es ayudarla. Y me ofrecí a ello.

Una sonrisa enorme apareció en su rostro rosado, sus lágrimas se detuvieron en sus ojitos azules y muy achinados.

Mí madre me miraba, por alguna razón también me sonreía en ese momento.
Su padre nos explicó que acababan de llegar al parque y no sabía exactamente en qué punto había podido perder la muñeca la pequeña, que habían estado andando buen rato y ahora es cuando había descubierto, que no la llevaba consigo.

Revisamos el parque de principio a fin. La muñequita no apareció.
Lucía, que así se llamaba la niña, volvió a entristecer sus ojos.
Al verla tan triste, le tendí mí muñeca.

- ¿De verdad? - dijo balbuceando.

Dije que sí con la cabeza.
Volví a ver a mí madre sonreír junto al padre de ella

Acabamos jugando las dos juntas, con mí muñeca dentro de la zona de pelotas blanditas y de colores.
¡Por fin la vi reír!
¡Qué sonrisa más bonita tenía!

Al parecer Carola también se encontraba muy alegre por haber encontrado a otra amiguita con la que poder jugar.
Me lo contó después, mientras todo el mundo dormía ya y yo estaba apunto de sumirme en un largo y profundo sueño.

Lucía, mí nueva amiga, no jugó solamente esa tarde conmigo y con Carola... Lo hizo todas y cada una de las tardes durante un año.

Se convirtió en mí mejor amiga.

Una tarde de enero, hacía mucho frío y mamá llamó a casa de Lucía para posponer la salida al parque, como opción les dieron a elegir poder venir a casa a merendar.
El papá de Lucía, recuerdo que no aceptó, recuerdo los varios " ajam" " vale" "¿Cómo se lo digo?", de mí madre, mientras ésta me miraba casi de reojo y con una expresión que yo, no alcanzaba a entender.
Algo iba mal. Lo sabía, no sabía qué era ni entendía el nerviosismo de mí madre, pero algo en mí fuero interno hizo conexión y supo que algo no andaba bien.

Cuando mí madre se sentó conmigo, hablaba muy pausadamente, como si eligiera las palabras adecuadas.

Supe que mí mejor amiga " se encontraba malita".
Hoy, ya adulta, sé que a esa tierna edad...tenía cáncer.
También supe que debería de quedarse hospitalizada varias semanas. Justo al día siguiente empezaba el tratamiento.
Podía curarse, es lo único que entendí de todo aquello, que podía curarse.
No me importó no entenderlo del todo, ni seguir escuchando... sólo sé que podía curarse y yo la iba a ayudar... ni siquiera sabía cómo... pero la ayudaría.
También sé que mí madre, estaba dispuesta a ello...

Todos y cada uno de los días que Lucía se encontró hospitalizada, mí mamá me llevó a verla, todas y cada una de las tardes... lloviera o venteara, a mí no me importaba y a mí mamá al parecer tampoco.
Tan sólo una de las veces, trató de convencerme. Cuando salí a la calle supe el por qué. Hacía muchísimo frío, incluso con los guantes puestos los dedos comenzaron a quedárseme helados por completo.
Pero eso no importaba.
Yo iba con un firme propósito:
Regalarle mí querida Carola a Lucía. Mí madre no lo sabía. Era algo que sólo Carola y yo, sabíamos porque lo habíamos estado hablando la noche anterior. No podía dormir por el propio miedo que me causaba el no poder ver a mí mejor amiga nunca más, y entonces se me ocurrió... Carola estaría con ella todo el tiempo que no pudiera... Así la protegería a ella, al fin y al cabo esa enfermedad, estaba segura, daba más miedo que los monstruos de la oscuridad.

Carola estaba de acuerdo.

Sólo ahora entiendo porque sus padres, junto a mí madre comenzaron a llorar en aquella habitación.
Inocencia...bendita eres. Seguramente pensaban, al igual que pienso yo ahora mismo.

No sabemos la cantidad de sonrisas que podemos llegar a robar al cabo del día.

Lucía me abrazó muy fuerte aquella tarde. Más que de costumbre, me decía que sentía como si se quedara algo mío y yo le dije que Carola, era amiga de las dos, desde el día en que perdió a su muñequita.


Hoy, escribo las líneas de mí pequeño diario con una sonrisa en la cara.
Siendo ya mujer como soy, médico de profesión... no puedo evitar – ni quiero evitarlo -, emocionarme y enternecerme cuando veo gestos como estos de infantes en las consultas, en los pasillos del hospital, en las salas de espera...

Creo que esas acciones que realizamos de corazón y con plena inocencia cuando somos pequeños, no deberíamos de perderlo nunca.

¿Lucía?

También es médico como yo.
Las dos prometimos; que cuando nos hiciéramos mayores, nos dedicaríamos a hacer algo con lo que pudiéramos ayudar a las personas a curarse... sabemos que no es posible con todas, pero al menos, intentamos hacerlo lo mejor que podemos y sé que ella se siente tan orgullosa como yo de nuestra pequeña Clínica de Oncología.

¿Carola?
La hemos puesto en una sala infantil que hemos habilitado para que los pequeños que acuden puedan dibujar, jugar y estar juntos pasando un rato agradable.
Así ella, se encuentra pendiente de todos y cada uno de ellos, para que no les pase nada mientras nosotras nos encontramos atendiendo a otras personas.
De vez en cuando, entramos a buscar a algún pequeño a la sala, y la vemos ahí, son sus coletas recogidas, con su gran sonrisa dibujada en la boca y sus ojos pendientes sin perder un detalle y cuidándolos igual que hizo conmigo y con Lucía.

Ella también nos enseñó algo: Por muy difícil que sea todo, no hay que dejar de sonreír jamás.

¿Mí madre?

Me hizo entender una cosa muy valiosa, y espero y deseo fervientemente que si, alguna vez tengo hijos, sea totalmente capaz de hacerles entender lo mismo que mí madre a mí:

A los niños hay que educarlos de tal forma, que no vean obstáculos ni impedimentos algunos para entablar relación de cualquier tipo, con personas muy diferentes.
Me enseñó que aunque seas pequeño, no significa que no te enteres de las cosas. Y que desde muy pronta edad hay que hacer entender que valores y precio, son cosas diferentes y que lo primero; vale muchísimo más que lo segundo.
Me enseñó el respeto por uno mismo, pero sobre todo... el respeto mutuo.
Y con no negarme nunca ir al hospital a ver a mí amiga... me enseñó que siempre hay que seguir al corazón, y que por supuesto la enfermedad de una persona, no define a la persona... simplemente necesitan más amor y cariño para salir de ese bache, como salió Lucía.

Espero educar a mis hijos de la misma manera... que me educaron a mí. Con mis mismos valores y mis mismo principios... mí madre siempre me decía, que siempre y cuando no le hiciera daño a nadie... realizara todo aquello que el corazón y el alma me dijeran.
Así lo he hecho.

Y de momento...No hay un solo día, que no sonría.

6 Susurros Lunáticos:

Nefer Munguia dijo...

u__u

Yo siempre quise tener una muñeca de trapo pero nunca tuve una, tal vez le regale una a mis hijas (si es que tengo)

Saludos!!

dijo...

Una historia conmovedora, como siempre. Esos pequeños gestos, como regalar un muñeca, que en realidad significan tanto. Me alegro de que Lucía no dejase de luchar, y ojalá todo el mundo pudiera salvarse de esas enfermedades que nadie merece. Me encanta leerte porque me ayuda a concienciarme del mundo que nos rodea y de lo injusto que puede ser a veces. Un beso^^

Iris Vivaldi Onasis dijo...

Me preguntado porque te leo? Pues por esto mismo te salessss no se si es una historia real y personal o no, pero me encanta!
La verdad que nadie deberia pasar por esta enfermedad ni por ninguna pero me alegro que se pusiera bien.

Un abrazooo guapa!!

Jana la de la niebla dijo...

Mi Dawa y su muñeca de trapo, es una hermosa historia, peque, llena de amor, sacrificio y bondad, te retrata mejor que el más nítido espejo, ¿sabes?
Me encanta que Lucía se curara y estudiara también Medicina, y que la muñequita Carola nunca se separara de ninguna de las dos.
Un beso enorme y firmes cabezacitos ronroneantes, preciosa mía.
=^.^=

Jo March dijo...

Algún día tendrás hijos, se dormirán con una sonrisa cada noche, después de oír las mil y una historias que les contara su mamá.
Precioso como siempre.
Besitos.

Dawa dijo...

*Nefer; Verás como sí les acabas regalando una a tus hijas ;)

¡¡Besines!!

*Ví; Muchísimas Gracias por tus palabras.
Yo siempre intento hacer relatos, historias etc. Con algún tipo de significado, si puedo ayudar a alguien, aunque sea a una sola persona como bien dices para concienciar... aunque tan solamente sea eso... ya sé que no estoy haciendo nada en vano...Hay mucho camino que recorrer en cuestión de temas sociales. Pero ...¡Por algo hay que empezar siempre!

Gracias de verdad por leerme y dejar tus huellecitas por aquí.
Me alegro enormemente de lo que voy poniendo, te guste.

Besitos Grandes
=^.^=

* Iris Vivaldi; No preciosa, es una historia ficticia, inventada y salida de ésta pequeña cabecita xD
Aunque claro está, la realidad puede superar con creces a la ficción y estoy segura de que en algún lugar habrá una pequeña a la que se le ha perdido una muñeca, otra pequeña que la invita a compartir su tesoro y alguien que lucha contra una enfermedad de éste tipo, y lo más importante es concienciarnos y saber que una persona... es una persona, y no la define la enfermedad que tenga. Hay que apoyarla y respetarla , tal y como hacíamos antes de que estuviera mal...porque a veces con tan solo eso hacemos más que con cualquier medicamento del mundo.

Gracias a ti también por tus palabras y por tener esa opinión acerca de lo que escribo.

Un Besazo Requetegrande.

=^.^=

* Jana de la niebla; Mi pequeña miau... Eres linda como tú sola.
Gracias a ti también, Ains como sois de verdad *.*

Gracias por decir que me retrata bien, pero ya sabes que todo lo que hago, escribo o digo es porque me sale de dentro, si no obviamente, no lo haría...
A mí también me gusta que Carola siga ahí con ellas, al pie del cañón, ella es lo que las unió y ha mantenido unidas y también su gran amistad construida desde el afecto y el más sincero cariño y amor... Así deberían de ser todos los amigos.

Besazos Muy Grandes y cabezacitos acompañado de algún que otro lametoncillo sin que te lo esperes xDDD

=^.^=

*Jo March; Tú si que eres preciosa...

La idea que expones, te prometo que me ha llegado y calado dentro... de verdad que sí.

Ains...
Lo mismo un día hablo de mis traumas xD

Besotes

=^.^=

Para todos:
Muchísimas Gracias en primer lugar; a las cinco por haber pasado por aquí, por haber dejado vuestra huellecita en la arena y como siempre; Gracias por estar ahí.
Sois estrellitas con luz propia, espero que jamás se apague vuestra luz.

Al resto que lee, pero no comenta; También dar las gracias por ser en silencio un espectador de mí locura.

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